La ceguera del que piensa que ve

Cuando el otro no te ve. Cuando sientes que algo no fluye y una fuerza te expulsa alejándote. Tú sí, tú no. Tú Ok, tú no Ok. Una y otra vez hasta la extenuación. El otro se cansa y se va, se comunica tarde, cuando el pescado está vendido, está tan lejos que ya ni le importa la pérdida del contacto. Gracias y adiós. Poco se puede hacer ya.

Y desde éste lado, se vive el abandono teniendo que gestionarlo desde la ceguera arrastrada por años, produciendo sorpresa de lo predecible.

Si el foco lo ponemos fuera, si siempre son ellos los que fallan, si percibimos la traición como algo conocido, seguiremos tranquilos repitiendo los mismos errores, haremos girar nuevamente la rueda confiando que ésta vez sea diferente, pero no, el ciclo se repite…

Distintas personas, mismas decisiones, mismo proceso, mismos resultados.

Sólo te ves a tí, todo lo que trabajas, tus méritos y tus logros sin ser capaz de ver al otro. ¿Cuánto vale lo de cada quién?

Si sólo veo lo mío, mucho dar y poco recibir. Mucha fantasía y poca realidad. Acumulando cupones para poder cobrarlos algún día. Sensación de deuda que tras pasar por caja se convertirá en culpa por un cobro mal gestionado.

Distorsión que llama al Niño a ponerse al volante, sintiéndose poco reconocido, y que al percibir la relación como un riesgo se aleja en modo supervivencia. Gestión desde un miedo arcaico que habrá que irremediablemente trabajar intensamente en terapia para poder empezar a ver nítido.

Realidad alterada, siempre subjetiva, que si limpiamos de miedos nos permitirá crecer desde la confianza en el otro y poder así ver la totalidad de lo aportado.

Ver al otro pudiendo contactar plenamente al no tener que estar preparado para la defensa. Para poder decidir libremente… Lo que llamamos autonomía.

Publicado por

Guillermo Zurita

Médico Psicoterapeuta Humanista Integrativo y Médico de Familia. Disfruto de mi trabajo, amo, confío. Mis pacientes me impactan emocionalmente... y eso duele y me encanta a partes iguales.

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