Jueces de lo cotidiano

Golpear un cojín, sepultarte bajo futones pesados, hacer un funeral con una caja de zapatos como ataúd o simular el canal del parto con compañeros arrodillados puede resultar raro, loco e incluso inadecuado para la lógica de nuestra mente adiestrada por la educación recibida.

Pero, ¿y hacer como que te comes un puñado de arena que te trae un niño diciendo que son macarrones? ¿Y pedalear encima de una bici sin ir a ningún sitio? Manualidades, pintura, juegos de mesa o deporte…

Todas éstas nos parecen normales. Lo cuentas y el otro lo entiende seguro.

Juguemos como si nadie fuese a criticarnos, y si lo hacen, ¡peor para ellos!

Dibuje una emoción, escriba una carta de despedida a esa persona querida a la que no verá más, ponga color, textura forma o tamaño a la emoción. Parece una locura, y puede que lo sea.

¿Sirve de algo? Probablemente eso es lo tóxico, cuando la alternativa es seguir en el mismo punto.

Cuando nos saltamos nuestros orígenes, destete prematuro, leche artificial, chupete o castigos retirando el amor (el aislamiento, la ridiculización o el menosprecio se llevan mucho).

Cuando el sexo es algo sucio a ocultar para no ser un depravado. Pues no, me niego, sudamos, nos excitamos y gemimos mientras follamos.

Regresamos a la infancia jugando y el simbolismo también nos sirve a los adultos.

Querámonos, cuidémonos, hagamos como si la realidad de cada momento fuese la realidad de cada momento, y no la adaptación del pasado que no volverá.

Que nos miren, que nos miren mientras expresamos nuestra rabia, nos abrazamos con miedo o nos besamos con amor, que el juicio golpee en nuestras nucas. Juicio de salirnos del carril, de saltarnos las normas que nunca debimos acatar.

Pedir permiso para ir al baño queda prohibido. Pidamos, pidamos para cubrir nuestras necesidades sin esperar a que al otro se le ocurra satisfacerlas. Y que nos pueda decir que No… sin excusas, ya nadie se las cree así que ¿para qué entonces?

Gracias por invitarme pero no me apetece ir a tu boda…

Y no pasa NA DA!!!

Lo inadecuado para los demás no tiene por qué serlo para uno mismo.

Chanclas con calcetines,

Calcetines blancos para vestir de etiqueta,

Etiqueta que no necesito para saber quién soy,

Soy yo, sin definición ni descripción, yo,

Yo elimino mi juicio, confió y pruebo,

Pruebo y contacto, me arriesgo sin expectativas

Expectativas para no soñar, para no vivir

Vivir hoy, asumiendo las miradas, los juicios, plantando mis pies, arriesgando e iniciando la inercia que necesita el proceso del cambio.

Publicado por

Guillermo Zurita

Médico Psicoterapeuta Humanista Integrativo y Médico de Familia. Disfruto de mi trabajo, amo, confío. Mis pacientes me impactan emocionalmente... y eso duele y me encanta a partes iguales.

5 comentarios sobre “Jueces de lo cotidiano”

    1. Hola Mónica, mil gracias por tu comentario! Y por tu «impactante» 😉
      Me encanta encontrarte por mi rinconcito…
      Un abrazo grande!

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